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Pero hermoso. Un libro de jazz.

UN  LIBRO- Pero hermoso

PERO HERMOSO: un libro de jazz

Geoff  Dyer

Penguin Random House – 224 páginas – 16.90 Euros.

Y SIN EMBARGO, HERMOSO…

Geoff Dyer (Chetelham, 1.958)  ha escrito hasta ahora 4 novelas y varios libros que él mismo ha calificado como “desafía-géneros”. Publicó uno de éstos:  “But Beautiful : A book about jazz”,  en 1.991, ganó el premio Somerset Maugham . Hubo edición española en 1.997 (Amaranto)  y los buenos aficionados al jazz y a la literatura lo detectaron en sus radares , pero poco a poco la señal fue haciéndose más débil hasta acabar en el gran agujero negro de los libros descatalogados . Este mes de febrero de 2014 ha sido reeditado por Penguin Random House con Lester Young en la portada y traducción de Cruz Rodríguez Juiz . Cabe suponer que dos docenas de blogs de jazz lo celebren,  e incluso que venda mucho mejor que hace 17 años gracias a a la caja de resonancia de Internet. El radar ha extendido ahora su pantalla y pocos son los “objetos” –voladores o no- que queden fuera de su alcance. Contribuyamos a ello.

“PERO HERMOSO” es, claro,  una cita directa del clásico de Van Heusen & Burke de 1.947 “BUT BEATIFUL”,  y funciona como leitmotiv – con el añadido explícito de “un libro de jazz”-  de un contenedor que incluye un Prefacio (breve) en el que Dyer enseña sus cartas reconociendo que tuvo que improvisar hasta dar con la forma definitiva del libro : una colección de escenas de músicos de jazz en la que, alejándose de la crítica convencional, se adentra en la ficción. Así pasarán ante nuestros ojos Lester Young consumiéndose en un hotel frente al Birdland, Bud Powell hundiéndose majestuosamente en el Club Saint Germain,  Thelonious Monk pelando una naranja o pidiendo un vaso de agua a un recepcionista de hotel amedrentado, a Ben Webster tocando el saxo en un tren inglés, a Chet Baker perdiendo los dientes (episodio legendario que Dyer califica de “standard “ en su colección), a Mingus en Bellevue y disolviéndose bajo el sol mexicano, y a Art Pepper en la playa (aproximadamente) . Siete escenas ritmadas entre ellas por el relato intermitente e itinerante de Duke Ellington y Harry Carney recorriendo el país  en coche para llegar a una actuación, mientras Duke trata de fijar en cualquier sitio los ecos  de otros músicos sobre los que edificar una Suite Definitiva que contenga desde el grito de los esclavos hecho blues hasta la más sofisticada arquitectura modal…Es una lástima que sigamos en la ficción y esa Suite no exista. El libro incorpora un epílogo de 30 páginas, “Epílogo – Tradición, influencia, innovación” que, escrito también en 1.991 y con un inevitable aire datado, es un artefacto crítico bastante convencional, aunque aún valioso. Dice el propio Dyer : “…aunque brinda un contexto para interpretar el cuerpo central del libro, sigue siendo suplementario, no esencial” . Pues eso.

Hay también casi al final del libro un par de páginas dedicadas a las “fuentes”,   en las que reconoce haberse basado en su conjunto más en fotografías  (Reiff, Claxton, Leonard, Hinton…) que en fuentes escritas , enlazando así con una breve “Nota sobre las fotografías “ que sigue al Prefacio y en la que nos dice cómo las fotografías, las mejores, parecen prolongarse más allá del momento que describen permitiéndonos oír lo que acaba de decirse,ver lo que está a punto de ocurrir. Y sí, al final hay también una Discografía Seleccionada. El libro se abre con sendas citas de Adorno y Ernst Bloch que parecen casi una disculpa ante lo que se avecina. Complicado, en absoluto. Un libro de jazz.  Soy yo el que va hacia atrás y hacia delante.

El racismo , el ejército (Young), las salas de los hospitales psiquiátricos (Powell, Mingus…), las cárceles (Pepper), las adicciones, la música que surgía de esos abismos. ¿Pero hubo músicos de jazz felices? Es probable que sí pero no es de ellos de los que se ocupa Dyer en “Pero hermoso”. Les vemos en encrucijadas, derrotados, perdiendo su don y luchando por recuperarlo, saliendo de campo dejando el cigarrillo  humeante sobre una botella y el sombrero colgado en una maleta (maravilloso Young elíptico en la fotografía mítica). Y una inquietante teoría flotando en el libro, tanto en las viñetas sobre los músicos –que alternan tonos de balada clásica, blues y toda la gama de notas perdidas por esos grandes músicos extraviados . O no. Por que la que parece la tesis subterránea de “Pero hermoso” es dilucidar si en realidad hay “algo inherentemente peligroso en la forma del jazz” que conduce al naufragio a quienes lo tocan, al menos a los que lo hacen con una intensidad inusitada. Como el mismo Dyer dice jugando a la paradoja “¿Hay algo en la inexorable lógica de la poesía de Silvia Plath que la conduzca al suicidio?”

Pero amigo Dyer –y tú lo sabes perfectamente- el jazz no es solo una cuestión formal (aunque la forma acabe por asesinarte), se produce en un contexto determinado y se enrosca sobre si mismo ,autodeglutiéndose como la  vieja serpiente hindú, para renacer depurado, aún manchado por la sangre de los vencidos…y sin embargo, hermoso.

Bob Bebop

El Canon del Jazz

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EL CANON DEL JAZZ – LOS 25O TEMAS IMPRESCINDIBLES

Ted Gioia

Turner Noema – 682 páginas – 39.90 Euros

Ted Giogia (Palo Alto, 1.957) es un afamado crítico de jazz e historiador musical, de quien se habían editado también en España “Historia del Jazz ” (2004 y 2012) y “Blues. La música del delta del Mississippi “(2010), también en Turner. Ganador de premios, compositor, un culo inquieto. Un sobrado.

Todo eso puede encontrarlo cualquiera en la solapa de sus libros. Libros escritos naturalmente desde un profundo conocimiento de los géneros, pero como debe suceder cuando entran en juego la emoción y la memoria de cada uno, libros  que contienen una fuerte carga subjetiva .

Se  podrá estar de acuerdo o no con algunas de sus premisas, de sus preferencias, sin duda mejor fundadas que la de la mayor parte de los simples aficionados, pero hay que agradecerle que no sean en ese sentido “libros académicos”.

La idea de un Canon, de cualquier Canon, asusta. Por lo menos me asusta a mí.  Hay que decir ya desde el principio que el Canon de Gioia – aunque se circunscribe a 250 temas fundamentales del repertorio jazzistico- se arborifica con sus “versiones recomendadas” al término de cada una de las entradillas de los temas, así que ya no son 250 , si no probablemente 2.500 o 3.000 versiones de esos temas las que están en juego.

Así en “Limehouse Blues” descubriremos que no es un blues; que Limehouse era un barrio portuario de Londres en el que prosperaban los “limes” (hornos de cal); quienes fueron sus autores y la suerte que ha corrido el tema a lo largo de las diferentes eras del jazz: su éxito inicial, su condición de standard hasta la llegada del bebop, su recuperación por el duo Coltrane-Cannonball Adderley en términos de duelo de saxos – justo inmediatamente antes de que el Gran John se encerrase a grabar “Kind of Blue” con Miles Davis (“ese álbum de jazz de cámara ensimismado” -dice Gioia) . Añadanse una docena de “versiones recomendadas” y con la ayuda de Spotify, You Tube y el libro a mano, puede uno dedicarle al “Limehouse Blues” todo un largo fin de semana, por lo menos.

A eso me refería. Y ahora multiplícalo por 250. Encontrarás desde luego “I rememeber Clifford” de Bennie Golson;  “Ev’ry times we say goodbay” de Porter ( sí, hablamos de standards en el sentido de temas adoptados por los músicos de jazz  procediesen de Broadway, del cine,del universo de los crooners melódicos ; encontraremos a Rodgers&Hart, a Gershwin, a Carmichael junto a Van Heusen, Cahn, Ellington, Mingus o Gillespie.

Puede que haya lectores que lo devoren de una sentada. Lo dudo. Es un libro para disfrutarlo lentamente, un “companion” al estilo anglosajón para acompañar la audición de los temas y reconocer muchas claves en las que muy probablemente no habíamos reparado. Pero ante todo y sobre todo es un libro para exprimirlo a fondo hoy, cuando ya no necesitamos un pase para la Libreria del Congreso de los EEUU para encontrar una grabación de la Casa Loma Orchestra.

Una consideración final y no por obvia obviable. Es un libro bien editado, bien traducido (no chirrían los términos ni expresiones en ningún momento), es un libro “gordo” (casi 700 páginas), pero es indiscutiblemente un libro caro en un pais en el que dificilmente encontrariamos un ejemplar en una Biblioteca Pública (si aún existen). Así pues, gracias a Turner Noema por su publicación ( es además un libro reciente), pero se siente uno al comprarlo  identificado en un “nicho de mercado” un poco incómodo. ¿Cuántos menores de 50 años lo disfrutarán? y si no lo hacen ¿cómo se construirá el Canon del Jazz dentro de 20 ?

¿Sólo con los temas que haya cantado Michael Bubble?

Jazz on films. The new wave.

JAZZ.DISCOS-Jazz on films.The New Wave

VV.AA.   (caja con 5 CDS)

Moochin’ About/ Connex  – 2013 // Universal – 29 Euros

Caja de 5 discos que recoge las bandas sonoras jazzistas de 7 películas francesas de entre 1.957 y 1.962, interpretadas y /o compuestas por grandes músicos americanos que en esos años, apoteosis de la “nouvelle vague” francesa, residían o merodeaban por el París que deslumbraba aún al mundo con su aureola mítica de bohemia, intelectualidad y chicas con boina. Los films a los que pertenecen las BSO  y los músicos que las interpretan son:

– “No sun in Venice” (Roger Vadim,1.957) – The Modern Jazz Quartet

– “Ascensor para el cadalso” (Luis Malle,1.957) – Miles Davis

– “Les liasons dangereuses” (Roger Vadim,1.960) – Art Blakey Jazz Messengers

– “Des femmes disparaissent” (Eduard Molinaro,1.959) – Art Blakey Jazz Messengers

– “À bout de souffle” (Jean Luc Godard,1.960) – Martial Solal

– “Un temoin dans la ville” (Eduard Molinaro,1.959) – Barney Wilen

– “Eva” (Joseph Losey,1.962) – Michel Legrand

En principio pudiera sorprender que  sólo dos de esos siete films pertenezcan  claramente a los postulados de la “nouvelle vague” (el clásico fundacional de Godard y el de Malle);  aparecen acompañados por dos thrillers convencionales de Molinaro y otros dos del temible y, en aquellos años envidiado, Roger Vadim (Bardot,Fonda…en fin), uno de los peores cineastas franceses de cualquier ola  pero con una portentosa capacidad para dar el pego a los desprevenidos. La inclusión de Losey/Legrand puede parecer aún más discutible si nos ponemos estupendos, ni esa es una película enteramente francesa, ni desde luego tiene algo que ver con la “nueva ola”, más allá de que esté filmada en blanco y negro, pero sale Jeanne Moreau y en la banda sonora  además de la partitura de Legrand se oyen dos temas de Billie Hollyday. Vale.

En esos años en París viven: Ben Webster, Sidney Bechet, Dexter Gordon, incluso pasa largas temporadas Davis… La oleada de músicos, negros en su mayoría, que se trasladaron a Europa al final de la Segunda Guerra Mundial y en los años 50, huyendo del universo  abiertamente segregacionista de los músicos de jazz en EEUU. Eso significaba la existencia de clubs en  la ciudad, de rítmicas locales en condiciones de acompañar a los grandes músicos instalados en la ciudad y a sus amigos y visitantes. Los años del Club Saint Germain , donde pronto destacaría un guitarrista llamado Sacha Distel o el cuarteto residente de René Utreger.

Son los años del General Degaulle, del conflicto de Argelia, del estrábico Sartre y del Citröen Tiburón, del cine académico y chauvinista;  los años en los que surgen Truffaut, Godard, Malle, Chabrol… en una ciudad que respira jazz. Y el jazz se sube también a la pantalla con el ascensor de Malle /Davis en esa legendaria sesión de grabación en la que prácticamente se improvisa sobre el copión de la película. A Davis le acompañan los músicos del cuarteto de Utreger, con un jovencísimo Barney Willen, al que después dedicaremos unas líneas, con 19 años, al saxo, y Kenny Clarke , otro ilustre expatriado, a la batería. Cuenta la leyenda que durante la sesión Juliette Grecco , entonces compañera de Davis, preparaba bocadillos de saucichon y Boris Vian fumaba sin parar en un rincón.

Ese mismo año, el pianista  John Lewis recibe el encargo del avispado Vadim para componer la banda sonora de “No sun in Venice”, que interpreta con su grupo el MJQ, una partitura bastante alejada de los aires mas bluesy que venía marcando Milt Jackson hasta entonces, y que abre la puerta a ese” Jazz con Pajarita” de aires formalmente clásicos que será el emblema del MJQ en  años siguientes.

Art Blakey y sus Messengers despachan en 1.959 y 1.960 dos bandas sonoras para el cine francés;  algo traída por los pelos en el caso de la adaptación contemporánea que hizo Vadim del clásico “Las amistades peligrosas”, con el apoteósico Gerard Phillipe de protagonista (otro desperdicio en manos del cineasta french-lover ) y más funcional en el thriller de Molinaro con el gran Lino Ventura de protagonista y  la presencia  del ubícuo Barney Willen al saxo.

Godard hace sonar  incesante el martilleo del piano de Martial Solal en la aún fotogénica y fundacional “À bout de souffle”, acompañando a Belmondo y Seberg en su recorrido idiota y criminal por un París cotidiano, alcanzando lo más alto de la cresta de la ola nueva. El jazz y Godard volverán a encontrarse pero nunca más de un modo tan elemental y profundo.

Ya dijimos que la inclusión de Legrand/Losey en el pack queda un poco forzada, una partitura de acompañamiento de aire cosmopolita y la inclusión  de “Willow weep for me” y “Loveless love” cantadas por Billie Hollyday en la película del cerebral Losey, más “europea” que francesa, son sin embargo una buena razón para quedarse un rato mirando al techo.

En cuanto a Barney Willen, ese jovencísimo saxofonista de padre norteamericano y madre francesa que se encontró casi por casualidad tocando con Miles Davis en “Ascensor al cadalso”, decir que tuvo una brillante carrera “francesa” y realizó numerosas grabaciones sin llegar jamás a ser un músico de la división de honor, pero su saxo impregnó las pantallas de un aroma a Gitanes rubios que aún no se ha desvanecido del todo, como demuestra la reedición de esas bandas sonoras en la segunda década del siglo XXI.

JAZZ ON FILMS . THE NEW AGE es el volúmen 3 de una colección de cajas con registros remasterizados de bandas sonoras jazzísticas, recopiladas y presentadas con sus correspondientes libretos por el jazz-writter Selwyn Harris . Las otras dos están dedicadas al cine negro : JAZZ ON FILMS. NOIR y al cine de ambiente beat/cool : BEAT,SQUARE AND COOL.

Seguiremos informando.

Bob Bebop

Cine y Jazz

Portada libro Carlos Aguilar

UN  LIBRO

Por  BOB  BEBOP

CINE  Y  JAZZ

Carlos Aguilar

Cátedra – 384 páginas – 25 Euros.

Carlos Aguilar , reconocido historiador cinematográfico y autor de la popular “Guia del Cine” con  más de 25.000 reseñas de películas, ha publicado en Cátedra  “CINE Y JAZZ”, con centenares de entradas e ilustraciones que ofrecen un panorama documentadísimo y muy divertido sobre la relación entre el cine y el jazz, dos de los vehículos de transmisión del tiempo y el ritmo que nos legó el lejano siglo XX y cuyos ecos siguen siendo hoy ineludible referencia aunque  consumamos películas y músicas en formatos distintos de cuando se hicieron las películas y las músicas de las que Aguilar nos habla en su libro.

Bandas sonoras míticas por su orientación jazzistica y escritas directamente para la pantalla (Ellington y “Anatomía de un Asesinato”, Mancini y “Sed de mal”…), documentales de referencia ( “Jazz on a summer day”, “One great day in Harlem”…) , clásicos sobre figuras del jazz ( del “Around midnight “ de Tavernier al “Bird” de Eastwood…) sabrosamente diseccionados, joyas ocultas,  flores peligrosas..(las bandas sonoras del mítico maestro José Solá para los thriller urbanos rodados en Barcelona a finales de los 50 con músicos como Pedro Iturralde; músicos italianos como Piero Umilliani y sus reinterpretaciones de temas de jazz en giallos y películas de consumo de los 60; la presencia de leyendas del jazz como Lionel Hampton o el Modern Jazz quartet en oscuras películas francesas de  serie …), la influencia clara del jazz en la nouvelle vague (Malle y Davis en “Ascensor al cadalso”, Godard y Solal en “About le souffle”, Truffaut y “Disparen sobre el pianista”…), justas reivindicaciones como la de “Calle 54” de Trueba (2000) que merece una revisitación desprejuiciada para apreciar su riesgo apasionado, filmaciones sobre músicos como Gerry Mulligan, Coleman Hawkis, Ben Webster…,la presencia de grandes iconos del Jazz en películas del Hollywood clásico (Ellington,Armstrong,Basie…)y decenas de entradas igualmente jugosas.

Si crees saber ya todas esas historias puedo asegurarte que Carlos Aguilar te reserva por lo menos un par de centenares más en un libro muy bien editado que no debe faltar en la biblioteca de ningún  buen aficionado al jazz y al cine. Una bonita portada además. Mi más ferviente recomendación